miércoles, 24 de julio de 2013

PERIODISMO O MILITANTE

En el léxico político argentino encontramos muchas veces estas palabras como para definir una actividad, se escucha “periodismo militante”. Esto se suele usar para referirse a determinados posicionamientos políticos y propagandísticos de un grupo de periodistas que son Kirchneristas. Desde la vereda de los medios concentrados en Clarín, suelen responder con que ellos son “Periodistas Independientes”, también para justificar ciertas ideas anacrónicas que tienen. En el medio se mancha la profesión del Periodista y la actividad militante.

Primero, prefiero dedicarme a observar lo que es el periodismo según Clarín. ¿Es un periodismo que en cierto modo “milita”? Sí, milita si nos guiamos por el concepto vertido por los periodistas oficialistas. Más que militar, para mí la palabra ideal podría ser transmitir o propagar ideas bastante conservadoras. Hoy si nos ponemos a ver Clarín vamos a encontrar un hilo de notas que son “anti-k”; la información objetiva, el hecho, quedó de lado y todo lo que consumimos hoy de Clarín son las ideas opositoras de la redacción del diario. En síntesis, Clarín práctica un “Periodismo Militante” (que tanto critica) disfrazado de Independiente, bancado por grandes Capitales e intereses económicos que el mismo Gobierno no denuncia, ni combate con medidas concretas.

Por su parte, pasamos a analizar el nuevo léxico que incorporamos (a los palos) en la política argentina: “Periodismo Militante”. Como ya dije, ese término se usa para definir a aquellxs periodistas que están alineados con el Kirchnerismo, como para justificarlos en sus dichos y volverlos casi impunes por momentos. Son aquellxs que ayer festejaban la estatización del 51% de YPF y hoy celebran el acuerdo con Chevron, o como en algún caso famoso en que las noches oscuras de la dictadura escribían columnas para La Nación y hoy hablan de democracia, del rol de los medios en la dictadura, etc. El término “Periodismo Militante” se usa para justificar y propagar las políticas (equivocadas o no) de un Gobierno, y mientras tanto sigue subsistiendo el mismo problema que tiene Clarín: se deja de lado el hecho como noticia y se pone como premisa consumir determinadas ideas, sin llamar al debate pos información. Y cuando ambos llaman al debate, siempre se genera un debate vacío: un debate de pro o contras, nunca un debate de ideas o de proyecto.

Es por eso que yo me pregunto: ¿Periodismo o Militante? El Periodismo es  informar, dar el hecho, después cada uno dará su mirada más de izquierda o derecha, pero el hecho es uno. Hoy, tenemos multiplicidad de hechos de un mismo tema, no distintas opiniones sobre el tema. Que el periodismo emita opinión está bien, pero que se informe al público con opinión está mal: no ayuda al debate y a la formación crítica del lector u oyente.

Ahora se es periodista o militante, no las dos cosas a la vez. El Periodismo es una profesión rentada y paga; la militancia es todo lo contrario: es convencer a los demás de tus ideas sin esperar un cheque a cambio de eso. Militar es participar, militar es estar convencido de esas ideas, y eso no se cambia o se hace por plata. Es por eso que justificar al periodismo de opinión o que baja línea como “militante” para descalificar al resto de las opiniones es bajo, muy chato y demagogo. La militancia no se renta, por lo menos para el concepto de militante de izquierda: es una actividad desinteresada y que no se hace por guita, sino que se hace por una idea.

La tarea pendiente es abrir el debate, democratizar la información y los medios, para escuchar más voces. Empezar a contar primero los hechos, luego los posicionamientos políticos-ideológicos y no de manera inversa: justificar los posicionamientos con los hechos. En este último estado están los medios argentinos, vacíos de contenidos, luchando cada uno por sus intereses y no por informar. Más allá de eso, la actividad militante no va con el periodismo de opinión, y lo único que se logra es ensuciar una actividad que muchxs realizamos desinteresadamente.

lunes, 15 de julio de 2013

CUANDO SOLO QUEDA EL CULITO DEL VASO...

Si, por lo general cuando las fiestas van terminando solo quedan muchos vasos con pequeños “culitos” de bebida. Como para tener como evidencia de que hubo alguien tomando de un vaso que en algún momento supo tener lleno.

Siguiendo esta analogía, es lo que pasa hoy en la realidad Argentina. Un país que tuvo una década ganada, ojo no se confundan con el simple slogan que nos pone el Kirchnerismo. Fue una década ganada desde lo económico, donde tuvimos las mil y una oportunidades de avanzar ya que nos sobraba plata por todos lados. La realidad marca otra cosa.

Los 90 también supieron tener su bonanza económica, pero con otra lógica. La lógica era vender todo y de ahí subsistir, algo más utópico que el propio Socialismo primitivo. Era la fiesta Menemista, donde los que más tenían siempre se beneficiaban, y los que menos tenían quedaban al azar del dios mercado, o de algún que otro político que peleaba por sus intereses. Eran pocos, pero los había y eso hay que rescatarlo, llevarlo en la memoria. El fin de la fiesta Menemista terminó en descontrol, típico de esas fiestas donde corren todo tipo de drogas y alcohol, donde nadie controla y la canilla siempre está abierta. Ahí ni quedaron los vasos, solo quedo todo destruido. Lo que quedo destruido, saliendo de la analogía, fue la Sociedad que posteriormente terminó en una de las crisis más profundas de los últimos tiempos.

Hoy, salvando las distancias, la fiesta se volvió a hacer. Obvio que con otro control, pero fiesta en fin. Y vemos como de a poco van quedando los vasos con culitos tirados por todo el salón. Vasos, que como ya dije, nos muestran que alguna vez hubo algo. Creo que esa es la gran virtud que tuvo el Kirchnerismo: hacer la fiesta pero sin quilombos (por ahora) y recordarnos a cada momento que la fiesta se puede suspender, como años atrás. Ojo, estas fiestas son bastante privadas y de “popular” no tienen nada, aunque creamos que con la ñata contra el vidrio (como dice el tango) participamos de ella. La idiosincrasia argenta es así.

Saliendo de la analogía, como me dijo alguna vez un viejo peronista (que en los 90 votó a Menem y hoy lo hace con Cristina) “a Menem le faltó dar un poquito más, con un par de derechos sociales no lo sacaban más”. Y hoy, en el tiempo, lo creo. Lo creo porque el Kirchnerismo no demostró nada superior, ya que no tocó nada de fondo: en lo económico, político-institucional y social. La ley de medios es una pelea para ver quién se queda con la información, muy distinto al sentimiento de democratizar la información. Solo un par de derechos sociales, como para “repartir un poquito más”, para que la fiesta no se pudra y no repetir el error menemista. El resto sigue todo igual, hasta el Impuesto a la Ganancia (modificado hace meses) diseñado por Cavallo. Los Jubilados siguen cobrando miserias; la Educación sufre los problemas sociales y no educa sino que es barrera de contención; la Salud no tiene un plan acorde a las necesidades y sigue su proceso de mercantilización; las Universidades siguen sometidas a la LES menemista; la corrupción estructural se sigue manteniendo a niveles muy burdos, haciendo caja para el partido de turno y sus funcionarios como una empresa. Y la contradicción argentina histórica sigue siendo la misma: chicos que mueren de hambre en el granero del mundo. La lista de reclamos sigue: Renta Financiera, cuestiones vinculadas a la Violencia de Género, Reformas Impositivas, Reformas Políticas, etc. pero quedará para otra ocasión..

Llenar vasos y luego vaciarlos, con la teoría del derrame (llenar hasta rebalsar), sirvió para graficar marketineramente al Neoliberalismo aunque el derrame llegó solo para un costado y eran justo los que más tenían. Con la analogía del “culito” del vaso solo quería llegar a la conclusión de que pasamos 10 años de Neoliberalismo light.


Es por eso que la Argentina necesita, por primera vez en su historia, una alternativa real de centro-izquierda donde los anhelos de las mayoría se concreten y poder vivir en un país con más Igualdad, Libertad y Solidaridad para todxs.

lunes, 8 de julio de 2013

PUTO EL QUE LEE

Bueno, llegó el momento. Hace rato que me venía a la idea de escribir en un blog o algo así de las cosas cotidianas que pasan a diario. Opinión, Política, Fútbol, y todos los temas que me interesan voy a tratar de volcar, cosa de poder trasmitir lo que pienso y poder debatirlo entre todos.

L@s desafío a debatir, a leer, a informarnos y a tolerar lo que pensamos. Espero que lo que pienso les llegue a tod@s, y no hay mejor manera de arrancar que con una muy buena narración de un genio, como lo será eternamente el “negro” Fontanarrosa.

“Puto el que lee” [Roberto Fontanarrosa]

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.
No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf… el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. “Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos.” Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.
El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. “Puto el que lee esto.” Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.
“Es un golpe bajo”, dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas.