lunes, 2 de septiembre de 2013

EL SILENCIO DE LA REPRESIÓN

Parecen una ironía los dichos de Jorge Sapag sobre que en Neuquén hubo un “Golpe institucional”, y de ahí pasar a elogiar a la Policía "el trabajo profesional por defender las instituciones democráticas". Realmente es irónico (como triste) leer esas declaraciones cuando en la realidad pasó todo lo contrario.

En Neuquén, la semana pasada se trató el acuerdo que YPF-Chevron para que la empresa multinacional empiece a explotar nuestro petróleo. Es más que obvio que hay organizaciones políticas, ambientales y mismos ciudadanos comunes que rechazan el acuerdo, que no quieren entregar el ambiente y nuestros recursos naturales a empresas, y que se iban a manifestar. Como pasa en todo debate conflictivo en la Argentina, siempre hay movilizaciones a favor como en contra. Por eso son desubicadas las declaraciones de Sapag y de Parrilli, fuera de contexto y solo buscando justificaciones de la represión policial. Más desubicada es la frase “golpe institucional” usada por el Gobernador de Neuquén cuando su partido, el Movimiento Popular Neuquino, siguió al frente del gobierno provincial durante la última dictadura militar, y usa la represión como garante del “orden” en su provincia (sino recordemos el asesinato del maestro Fuentealba). Por eso, va más allá de si fueron balas de goma o de plomo.

Más allá de que coincidamos o no con el acuerdo YPF-Chevron, lo que genera más repudió es el silencio de CFK y de otros dirigentes o “intelectuales” Kirchneristas en ese momento. Los únicos que pusieron el pecho (y hasta ahí) repudiando la represión fueron los muchachos de La Cámpora. Igual vale el esfuerzo. Así y todo, me pregunto qué le cuesta al Kirchnerismo salir a reconocer que la represión está mal, que no es una herramienta de la democracia, que va en sentido contrario a lo que nos indica la doctrina de los Derechos Humanos. El silencio sistemático ante cada acto de represión (ayer los QUOM, hoy los que se manifestaron en Neuquén) de los “intelectuales” y dirigentes K los aleja cada vez más de ese discurso filo izquierda que muchas veces escuchamos.

Si hay una deuda, entre tantas, en 30 años de democracia es la no criminalización de la protesta social, en respetar que haya movilizaciones sin necesidad de responder con violencia. Si hay algo que nos tiene que enseñar la historia contemporánea es que la protesta social está lejos de ser un perjuicio para la democracia, sino que forma parte de ella y muchas veces es una herramienta válida. Hay que aceptar a la protesta social como regla del juego democrático. En sentido contrario a esa lectura, en la década ganada nos respondieron con una Ley Antiterrorista que es símbolo de la represión, una de las grandes manchas que tenemos en democracia y que urgentemente tenemos que corregir. Igual, el silencio y las justificaciones del Kirchnerismo de la represión policial dice mucho de cómo se impone en Argentina el “modelo” ante la falta de fundamentos y contradicciones que se les genera a la hora del debate político.

No hay comentarios:

Publicar un comentario